Categoría: medio ambiente

Cerremos Garoña

Aunque sólo sea por estética, cerremos Garoña. Por lo que representa.
Garoña representa el pasado. Un pasado de ministros de camisa azul con banda cruzada al pecho que presumían de autarquía, régimen y prosperidad.
Garoña representa el derroche. Representa la voracidad energética que no duda en multiplicar los watios por kilos, por megas, por gigas… y ya inventaremos máquinas para consumirlos.
Garoña representa el chantaje. El temor a que se agoten los cheques, las nóminas y los subsidios lleva décadas ocultando aterradores informes sanitarios y concluyentes estadísticas sobre la incidencia de la radiación en la salud de los habitantes de la comarca.
Garoña representa el egoísmo. ¿Es esta la herencia que queremos legar a las generaciones futuras? ¿Un medio ambiente esquilmado, contaminado, agotado, inhabitable…?
Y, por si fuera poco, los escasos argumentos que se aportan a favor de su continuidad son falsos o están tendenciosamente manipulados:
Mienten quienes dicen que el cierre de Garoña nos hará depender de Francia en materia energética. ¿Acaso esos escasos cuatro mil gigawatios son la salvación? Y, si fuera cierto, ¿por qué estamos exportando energía a Portugal y a Marruecos?
Manipulan quienes aseguran que el cierre de Garoña se notará en el recibo de la luz. ¿Subieron -especialmente- las tarifas tras el cierre de Vandellós (en 1990) o de Zorita (en 2006)?
Ocultan la verdad quienes declaran que Garoña es una central segura. ¿Ya han olvidado los innumerables ‘pequeños’ incidentes, los vertidos de aguas radiactivas al Ebro, las nueve paradas no programadas que se han registrado en lo que va de año? Varios componentes internos de la vasija del reactor sufren agrietamiento múltiple por corrosión, que ya afecta al 70% de las canalizaciones del sistema de frenado de la reacción nuclear.
Ponen en duda su propia credibilidad quienes certifican que las centrales nucleares no contaminan. Hay estudios más que suficientes para, al menos, ser prudentes y cuestionar la inocuidad de las emisiones, y para poner en duda nuestra capacidad de neutralizar los vertidos, los residuos y los desechos.
Podemos vivir sin Garoña, una instalación diseñada (con la tecnología de 1966) para resistir 40 años, y dimensionada (bajo los parámetros de viabilidad económica de 1970) para ser amortizada en 40 años.
Garoña ha cubierto su etapa. Gris, sucia y despreciable. Ahora toca cerrar Garoña.
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Réquiem por el Guadiato

Ayer estuve con el Club de Piragüismo recorriendo el embalse de La Breña [reportaje fotográfico]
Echamos al agua las embarcaciones en el Club Náutico de Córdoba, junto a la presa. Mejor dicho: junto a las presas, porque ya están las dos levantadas.
Hay una, pequeña (50 metros sobre el cauce; 281 metros de ancho en la cota de coronación), construida en tiempos de la República para almacenar 100 hectómetros cúbicos de agua, para lo que hubo que inundar 587 hectáreas.


Detrás, como una negra montaña,se alza la gran presa (120 metros de altura, 685 metros de lado a lado) que atrapará el río Guadiato hasta convertirlo en un gigantesco lago: 823 hectómetros cúbicos de agua que inundarán unas 2.000 hectáreas de bosque mediterráneo.
Y las inundarán cueste lo que cueste. Como el río Guadiato no es precisamente el Amazonas, difícilmente podrá cumplir con lo que se le exige. Hoy por hoy, el Guadiato se represa en Sierra Boyera, Puente Nuevo y La Breña, aunque con el agua de estos tres embalses (si estuvieran llenos) no llenaría ni la mitad del nuevo macropantano: más de 800 mil millones de litros. Así que habrá que bombear, hacia arriba, agua del Guadalquivir, para hacer realidad esta megalomanía, para anegar veinte millones de metros cuadrados del territorio del lince, del olivar, del conejo, del encinar y del toro con las aguas turbias del Río Grande.
Y todo para que los latifundios de la zona puedan seguir derrochando, para ahorrarles la instalación de sistemas de riego más eficaces, para evitarles la tentación de optar por cultivos más sostenibles, para invitarles a mantenerse en el despilfarro y la insolidaridad.


Ayer disfrutamos de la naturaleza, en un río verde, alegre, vivo. Quienes quieran disfrutar de estos paisajes tienen que darse prisa, porque pronto quedarán bajo las aguas -decenas de metros, millones de litros de aguas sucias- del nuevo La Breña.

Luz, más luz

Nos dejó dicho Otilia, la nuera de Goethe, que las últimas palabras del escritor alemán fueron “-Mehr Licht, mehr Licht!”. Cumplidos 176 años de aquella escena, muchos siguen sin comprender ese llamamiento del filósofo, “-¡Luz, más luz!”, o lo que es peor, de entenderlo a su manera.
Ayer, 5 de diciembre, los cordobeses cumplimos con la tradición de reunirnos a la sombra de El Corte Inglés para ver cómo la alcaldesa encendía, como quien no quiere la cosa, centenares de miles de bombillas, las que dan forma a los 1.248 arcos luminosos que adornan 141 calles de la ciudad. “-¡Luz, más luz!”, que decía el otro. ¿Y qué si enviamos a la atmósfera casi trescientas toneladas de dióxido de carbono? ¿Qué más da? No ves que llenamos la ciudad de flores de pascua (y, además, esta vez las metemos en las fuentes: quien quiera pascueros que se moje el culo) ¿Y qué si llega una factura deSevillana de 78.000 euros? ¿Qué más da? No has oído que ha enviado ZP un aguinaldo de 10 mil millones de pesetas –euro arriba, euro abajo-. ¿Y qué si los ecologistas, el sentido común y cada vez más ciudadanos recomiendan unas navidades como las de antes, cuando las vacaciones, las celebraciones, los villancicos y las compras se concentraban en un par de semanas? ¡Sí, hombre! Todas las ciudades de alrededor encendidas como antorchas, y El Corte Inglés de Córdoba de velatorio… ¡No te digo!
-¡Luz, más luz!” y, para hacerle caso, ¿qué pocas luces muestran algunas y algunos cordobesas y cordobeses? Cordobesas y cordobeses que, cuando no se sientan en los asientos rojos de Capitulares, piensan de otra manera… o dicen que piensan de otra manera… o piden que se actúe de otra manera… Aquí me viene al pelo otra frase atribuida también a Goethe, “-Actuar es fácil, pensar es difícil. Actuar según se piensa es aún más difícil”, porque hay que ver qué poco se interesan nuestros mandamases en aplicar coherencia vía decreto. Un poner: en Alicante y en Santander, Izquierda Unida ha pedido al alcalde que retrase el encendido hasta el día 20 de diciembre; en Granada, hasta el día 21; en Vícar, hasta el 22. Algunos dirán que sólo lo hacen por fastidiar, por cultivar la sana costumbre de la oposición de meterle el dedo en el ojo al que preside los plenos, pero yo creo que no, que en esos lugares simplemente han preferido “actuar según se piensa”. No soy tan ingenuo, y no se me escapa que es bastante más cómodo realizar propuestas cuando se es consciente de que no serán publicadas en otro BOJA que en el de la entregada prensa local, pero -amigas y amigos, cordobesas y cordobeses- nadie dijo que esto de gobernar con criterio fuera fácil, y hay una larga fila de voluntarios dispuestos a intentarlo.
Como hoy me he levantado goethiano, cierro con otra frase del alemán: “-La inteligencia y el sentido común se abren paso con pocos artificios.”
Pues aquí, en mi pueblo, la única luz que nos ilumina es la de los fuegos artificiales.
PD.: Por cierto, el verdadero relato de la muerte de Johann Wolfgang von Goethe es bastante menos novelero:
A los 83 años, el escritor es un muerto en vida. Había enterrado a su mujer, Christiane Vulpius, dieciséis años antes, y, más recientemente, a su hijo, Augusto, y a la hija de éste; únicamente Otilia, la viuda de su hijo, le acompaña en sus últimas horas. En su delirio, Goethe pide a su nuera que abra las ventanas porque nota que se ahoga, que se extingue su existencia, y que se acerque al sillón en el que se siente morir.
-Hija, dame la manita” fueron, parece ser, sus verdaderas últimas palabras.