Etiquetado: Florentino Pérez

Duranes y Rascones

De las luchas intestinas que nos están brindando los partidos políticos, se extrae una conclusión contundente: el fútbol y la política son dos cosas diametralmente opuestas.
A principios de este siglo, Florentino Pérez, cuando fichó a Zinedine Zidane y cuando subió al canterano Francisco Pavón al primer equipo, reveló su fórmula mágica para conseguir que un grupo de personas alcance sus objetivos y metas: hacen falta zidanes y pavones. O, dicho de una manera menos diplomática, es necesaria la concurrencia de primeros espadas y de subalternos para completar una buena faena. En apariencia, esta estrategia tendría que ser igualmente válida aplicada a otros ámbitos, y, por qué no, también a la política; pero la experiencia nos demuestra que no lo es.
Cada vez que toca elaborar una lista electoral, los que están facultados para ello -¿qué es eso de que se acepta la voluntad de las bases?- deciden quiénes son zidanes y quiénes pavones: quiénes ocuparán las planchas de salida y quiénes tendrán que conformarse con viajar en los vagones de cola (o incluso quedarse saludando desde el andén).
En teoría, a la hora de elaborar una alineación, el míster sólo utiliza criterios de eficacia y efectividad: los que dan juego y meten goles, al césped; el resto, al banquillo. Pero la política y el fútbol no se parecen en nada, y quizás no tengan porqué hacerlo. El problema sólo aparece cuando los pavones quieren ser zidanes (o sea: siempre) y tienen la suficiente influencia sobre el entrenador como para que cambie el once titular (esto ocurre, sobre todo, cuando el último partido se perdió por goleada).
Ahora, zidanes y pavones andan a la gresca (“-Quítate tú que me pongo yo”, “-Eres un chupón y sólo piensas en tus intereses”, “-Tuviste tu oportunidad y has fallado a puerta vacía”, “-Vamos derechos a segunda división”…) ante el pasmo general del respetable. Es verdad que los aspirantes a números uno no exhiben en su currículum una volea mágica que garantice una champion, pero también lo es que los que se resisten a dejarlo tampoco tienen las vitrinas repletas de trofeos. Lamentablemente, en el actual panorama político juegan muy pocos Balones de Oro.
Al final, a Zidane sólo se le recuerda por aquel cabezazo de impotencia, y Pavón sigue buscando un equipo que le permita volver a vivir cómodamente del fútbol.

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¿De qué se ríe Cristiano Ronaldo?

Reconozco que mi primer impulso, nada más conocer los detalles del fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid, fue -como el de todos los blogueros– sentarme delante del ordenador y marcarme un par de folios. Luego recapacité y me dije “-No. Yo no voy caer en la trampa del Florentino”. Pero los días siguen pasando, y los medios de comunicación (muchos) y los aficionados (miles) mantienen al futebolista encumbrado en su altar; un altar que refulge iluminado por la sonrisa de CR7. Pero ¿de qué se ríe Cristiano Ronaldo?
Quedará algún madridista que continúe defendiendo el fichaje, pero el sentido común cada vez deja menos margen al elogio. Lo de Cristiano Ronaldo es una aberración.
En el verano de 2003, el Manchester United apostó parte de los 25 millones de euros que desembolsó el Real Madrid por David Beckham para probar suerte con un futbolista portugués de dieciocho años prácticamente desconocido. Invirtió 18 millones de euros, y la jugada le salió redonda: ha disfrutado de los mejores seis años de Cristiano Ronaldo y, cuando comienza a bajar en su rendimiento, lo vende por 94 millones. (Un paréntesis: Beckham jugó en el Madrid cuatro ligas y sólo ganó una, la última, la que se pasó en el banquillo; al final, el club de Florentino no pudo venderlo y tuvo que dejarlo ir sin ganar un solo duro en la operación)
¿De qué se ríe el Manchester? O mejor ¿de quién? Está claro. Con 94 millones de euros se pueden comprar muchos jugadores promesa, que ya vendrá algún tonto con dinero a pagar cinco veces su precio cuando ya no sea interesante. 94 millones de euros son muchos millones. Es el presupuesto para el 2009 del ayuntamiento de Toledo, es el presupuesto del Sevilla CF para la temporada 2009-10, es lo que vale comprar el Tottenham… Cualquier gestor espabilado compondría una plantilla con la que no hacer el ridículo en la Champion gastando la mitad de lo que el señor Pérez le ha soltado al club inglés.
Ya sabemos, por lo tanto, de qué se ríe Ferguson. Pero ¿de qué se ríe Cristiano Ronaldo? Muy fácil: el Real Madrid va a pagar al pelotero de Madeira trece millones de euros al año -un millón de euros al mes- por vestirse de blanco. Ronaldo no le ha podido quitar el ‘7’ a Raúl, pero sí ha conseguido cobrar el doble de lo que percibe su capitán. El tesorero del Madrid tiene una partida en sus presupuestos -la CR9- para reservar 13 millones de euros para la nómina del futbolista; la ministra de Hacienda tiene otra partida en los suyos -la CR09- para enviar a Ciudad Real 12,5 millones de euros con los que pagar las 66 obras que le han correspondido de los fondos FEIL, que darán trabajo a 460 personas.
Nadie vale 94 millones y nadie debe cobrar 13 millones de euros al año por jugar al fútbol. Y Cristiano, tampoco. Si lograra repetir sus números de la temporada pasada, por cada partido que disputase (jugó 71) ingresaría más de 180 mil euros, y cada gol que obtuviese (marcó 34) le saldría a su club por 380 mil. (Otro paréntesis: Forlán consiguió 32 goles en la liga -Ronaldo, 18-; Messi hizo 9 tantos en la Champion y 6 en la Copa -el portugués, 4 y 2-)
De eso se ríe Cristiano Ronaldo: de los sueldos de los 80 mil mileuristas que le aplaudieron en el Bernabéu; de los halagos de los periodistas a los que pronto va a despreciar (e incluso a agredir), de los abrazos de Florentino al que abandonará en cuanto le llegue otra oferta más interesante, de las mocitas madrileñas que van alegres y contentas (véase el glorioso himno) a comprar camisetas, colonias, zapatillas… para que quienes las pasean en moto se parezcan a su ídolo.
En lo único en lo que le doy la razón al Pérez es que a CR9 le sienta bien la camiseta blanca. Por lo menos para ilustrar esta otra estrofa del himno merengue:
¡Hala Madrid!
Enemigo en la contienda,
cuando pierde da la mano
sin envidias ni rencores,
como noble y fiel hermano.