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Despacio, despacio

Asegura la teoría de la relatividad de Einstein que conceptos tan -a priori- incuestionables como el espacio o el tiempo, dependen únicamente del estado de movilidad del observador. O, dicho de otra manera, que si alguien cronometra cuánto tarda un objeto en llegar de A a B obtendrá diferentes resultados si se encuentra quieto en un punto o si se desplaza a la velocidad de la luz, mientras realizaba la observación.
A mí -tan poco dotado para interiorizar este tipo de enigmas- me ha venido bien esta teoría para entender cómo se desarrollan las cosas en Córdoba.
Recuerdo que, cuando era pequeño, me abrumaban los plazos que se daban los adultos para completar los proyectos. “-He comprado un coche, y lo he puesto a cinco años”, “-Plantamos el arbolito y, en tres o cuatro años, empezará a dar frutos”, … ¡Cuatro años! Una eternidad. Después, la experiencia te va enseñando que la vida es un tren que nunca para: tú, al nacer, lo tomas en marcha y, algún día, te bajarás. El tiempo se estira, los años pasan rápido, muy rápido… todo se relativiza.
Lo que sigo sin entender, por muchas canas que vaya quitando del peine, es lo relativo que es el tiempo en Córdoba.
Debe de ser, volviendo a Einstein, que el cronometrador cordobés también se desplaza despacio o, simplemente, que no se mueve. En caso contrario, cómo explicar que a nadie le sorprenda lo mucho que se estiran los plazos. Con qué alegría se anuncia la fecha de la colocación de una ‘primera piedra’, se levanta una valla con el anuncio ‘excavación arqueológica’ o se adjudica una ‘redacción de estudio de anteproyecto’. Luego, meses o años después, cuando se entierra el primer sillar, terminan las catas o se hace público el anteproyecto ya nadie recuerda de qué estábamos hablando. Entonces empiezan los plazos, más plazos. Plazos para la licitación, para la contratación, para la ejecución, para la recepción… y todos ellos vencidos -yo más bien diría, derrotados-.
¿Se imaginan que un observador imparcial, posicionado-detenido en el espacio se dedicara a medir cuánto tardan en completarse las obras? Habría muchas sorpresas.

A esta ronda invito yo

Día: Lunes, 8 de septiembre de 2008. Hora: 20:00 horas. Lugar: Tunel de los Omeyas.
Esta es la cita. Día histórico. Inauguramos el fin de las obras de la Ronda de Córdoba.
Para los más jóvenes, conviene recordar que esta vía circunvalatoria comenzó a construirse a mediados de los 80. Para ahorrar costes, se decidió utilizar la N IV (la actual A4) como Ronda Sur, y hacernos creer que aquello era el principio del fin de los problemas del tráfico en Córdoba. Hoy, más de 20 años después, sigue siendo un trozo de la carretera Madrid-Cádiz.
El siguiente tramo fue el de Levante: la Ronda Este. A nuestros políticos se les ocurrió que esa era la pieza que faltaba al puzzle: una vía rápida que uniera la carretera 432 (la de Cerro Muriano) con la antigua nacional cuarta (digo la ‘antigua’ porque, muchos años después de su puesta en funcionamiento, aún no se ha conectado con la ‘nueva’ N IV). Vecinos y ecologistas ya advirtieron de que ese tramo era el menos necesario, por estar muy cerca de la avenida de Carlos III y porque, simplemente, va de ningún sitio a ningún sitio. Basta con transitarlo para comprobar el enorme éxito de audiencia (sólo hay coches a la hora de la salida de los polígonos, y a la vuelta de las parcelas).
En 2002 comenzaron las obras de la tercera parte: la Ronda de Poniente, o Ronda Oeste. Seis años ha costado terminar los cuatro kilómetros que se inauguran el día de la Fuensanta (un kilómetro cada año y medio), aunque en realidad se inaugure sólo el Tramo II. La cinta inaugural del Tramo I (desde la avenida de Cádiz hasta la carretera del Aeropuerto) se cortó días antes de unas elecciones, y la del Tramo III (desde el Parque Figueroa hasta la Arruzafilla) se retiró días antes de otras. Esta Ronda Oeste está trazada a base de túneles (el de la Almunia y el de los Omeyas), puentes (el de Andalucía) y cruces a diferentes alturas (el de la carretera del Aeropuerto, el de la prolongación de la avenida de Manolete y el de la carretera de Palma del Río), lo que elimina las temidas rotondas. Esperemos que tanto desnivel no se convierta en un peligro cuando lleguen las lluvias (tenemos ejemplos recientes en el túnel de Chinales).
No obstante la alegría de esta inauguración, me gustaría recordar a los hacedores del logro una definición de la Real Academia Española de la Lengua:
ronda: Cada uno de los paseos o calles cuyo conjunto circunda una ciudad.
He estado buscando entre todas las acepciones de la palabra ‘ronda’ (esta es la sexta de diecisiete) y, en todas ellas se repite la referencia circular. Es decir, que las rondas (sean vías de circulación, sean patrullas, sean manos del juego…) siempre terminan donde empezaron… excepto la de Córdoba.
La Ronda de Córdoba empieza en la salida de la ciudad por la N 432. Transita hacia el sur, hasta los dominios del carrefour, donde termina. Vuelve a la luz -como el Guadiana- unos metros adelante, convertida en A4 (una de las carreteras con más tráfico de Europa) hasta que vuelve a desaparecer devorada por el polígono de la Torrecilla. Tras callejear un par de kilómetros, renace -ave fénix- en la avenida de Cádiz para cruzar el río por el puente de Andalucía. Asciende en dirección norte hasta la carretera de Trassierra y luego -dirección este- hasta la Arruzafilla donde definitivamente termina. Este final abrupto provocará -según reconocen los técnicos- un cuello de botella en Escultor Fernández Márquez y en la avenida del Brillante del que pronto tendremos noticias.
Como no hay quien se trague que estos diez o doce kilómetros inconexos sean una ronda, nuestros políticos la trocean -como las pizzas-, y en lugar de una Ronda de Córdoba (¿les suena la ‘Ronda de Málaga’, la ‘SE-30′, la ‘circunvalación de Granada’, la ‘Ronda de Jaén’…?), tenemos tres: la Ronda de Levante, la Ronda Sur y la Ronda Oeste. Toma ya, más que nadie.
Y encima invitan a los vecinos para que acudan a la inauguración… A lo mejor habría que ir, pero no precisamente a celebrar nada.